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....Juan David....

Mi Espacio, mi tiempo, mi momento...El devenir ...
3月15日

Jorge Enrique Robledo y la politica.

 
 
Gracias a Carlos Saavedra me llego esta perla, cuando fuy a la Universidad Nacional tuve el gran provilegio de tener excelentes profesores, algunos pasaron sin dejar huellas. Jorge Enrique Robledo (Arquitecto como yo!!!!) fue no uno de ellos, al contrario paso en mi vida como un modelo a seguir y de admiracion. El en su clase me introdujo a la politica del neoliberalismo, no como la solucion sino coma la causa de la mayoria de los problemas generados a finales de los ochenta y principios de  los noventa hasta ahora y que se extenderan por muchos annos mas si se siguen aplicando las politicas que este modelo inpugna.
A "EL" mis mas sinceros respetos.
 
 
 
 
http://www.semana.com/wf_InfoArticulo.aspx?idArt=101449

El senador Robledo

¿Cobarde porque se enfrenta a la gavilla (esa sí) del uribismo? ¿Infame porque denuncia las infamias ajenas? ¿Canalla porque dice la verdad?

Por Antonio Caballero
Fecha: 03/10/2007 -1297

''Infame", lo llama el Ministro de Interior y Justicia. "Canalla", lo llama el Ministro de Protección Social. "Cobarde", lo llama el Ministro de Agricultura. Injurian los ministros al senador Jorge Enrique Robledo, enceguecidos de la rabia, porque no pueden rebatir lo que él expone serenamente en el recinto del Congreso, sin perder la compostura ni la elegancia intelectual. Y no pueden rebatir lo que dice porque lo que dice es cierto.

Es cierto, por ejemplo, lo que dice Robledo sobre el hasta hace pocas semanas Ministro de Comercio Exterior: que, habiendo terminado de entregarles a los Estados Unidos los intereses económicos, comerciales, laborales e incluso legislativos de Colombia en las negociaciones del Tratado de Libre Comercio, salió a cobrar un sueldo del Banco Mundial, organismo controlado por los Estados Unidos. Otro tanto hará pronto el hasta hace pocos días Ministro de Hacienda; otro tanto hizo ya el hasta hace año y medio embajador en Washington. "Roma no paga traidores", se decía hace dos mil años, en el apogeo del Imperio romano. Los Estados Unidos sí. Y por eso tiene razón el senador Robledo cuando anuncia que intentará iniciar en el Senado un juicio por traición a la patria al presidente Álvaro Uribe, jefe de todos esos personajes.

Y de otros más. Porque también tiene razón el senador Robledo cuando habla de "parauribismo" refiriéndose a los políticos que han mantenido relaciones de amistad y colaboración con los narcoparamilitares: todos los parlamentarios y altos funcionarios hasta ahora detenidos por la justicia y la casi totalidad de los que se hallan prófugos o sindicados por las mismas causas son uribistas, aun cuando el propio Uribe no se haya querido dar por aludido (salvo para pedirles con desfachatez su respaldo "mientras todavía no estén en la cárcel"). Tiene razón Robledo cuando le exige al Presidente que en materia tan grave como esta asuma la responsabilidad política y le dé explicaciones al país.

Tiene razón Robledo cuando se niega a participar en un debate (a gritos, como lo plantea el Ministro de Agricultura) en una comisión parlamentaria presidida por uno de los indignos firmantes del pacto de Ralito con los jefes narcoparamilitares para la "refundación de la patria". Tiene razón Robledo cuando denuncia como aprobación tácita para un autogolpe de Estado la frase del Ministro de Interior y Justicia calificando de "interesante" la propuesta (uribista) de cerrar el Congreso. Tiene razón Robledo en todos los debates que ha hecho en el Senado: sobre el TLC; sobre el petróleo y el carbón; sobre la segunda fase del 'Plan Colombia'; sobre las amenazas del Presidente a sus opositores del Polo Democrático; sobre la inversión extranjera y los regalos de las privatizaciones de empresas del Estado; sobre la farsa de la 'política social' del gobierno con sus reformas tributarias que recortan impuestos a los ricos y los cargan en cambio hasta sobre los indigentes; sobre el humillante sometimiento a todos los dictados de Washington, en cualquier tema, en cualquier campo. Tiene razón Robledo en todas las críticas que le ha hecho al gobierno de Álvaro Uribe: en lo político, en lo económico, en lo diplomático y en lo ético.

Y como tiene razón, a sus contradictores del gobierno de Uribe o de las bancadas parlamentarias uribistas no les queda otra salida que la cólera impotente de los insultos -"¡cobarde!", "¡infame!", "¡canalla!"- para ver si consiguen que el senador Robledo pierda los estribos también él y se rebaje a su nivel tabernario de matones buscapleitos. Como su jefe: "que los de la oposición se me vengan todos juntos para el debatico", había pedido (luego se arrepintió) el presidente Uribe cuando el senador Gustavo Petro anunció el "debatico" sobre el paramilitarismo y la bancada uribista.

Pero ¿cobarde Robledo porque se enfrenta a la gavilla (esa sí) del uribismo? ¿Infame porque denuncia las infamias ajenas? ¿Canalla porque dice la verdad, que ni siquiera es secreta, sobre el sueldo de un ex ministro? A mí me parece que Robledo es lo contrario de todo eso: un valiente, un hombre honrado y un parlamentario admirable.

Cuenta el diario El Tiempo que en el Congreso "algunos en voz baja dicen 'lástima que sea del Polo'". Porque suponen que le convendría más poner su inteligencia, su poderío dialéctico y su capacidad oratoria al servicio del poder: ser un oportunista como ellos, a quienes también les convendría poder contar con su talento.

No han entendido quién es el senador Jorge Enrique Robledo.

O a lo mejor es que no han podido oír lo que dice. Porque cada vez que habla resulta que, como por ensalmo, se cae en medio país la señal de la televisión del Congreso. Parece ser que quienes la controlan no quieren que a Robledo pueda escucharlo nadie.
2月10日

Una historia de intervenciones - Revista semana.com.co feb. 10/2006.

 

 

http://semana.terra.com.co/opencms/opencms/Semana/articulo.html?id=92815
MUNDO
Una historia de intervenciones
Hay controversia en el país por la supuesta intervención en política del embajador William Wood. Pero Estados Unidos lleva años influyendo, legal e ilegalmente, en América Latina.
Por Mauricio Sáenz B.

 

Conversaciones como la que tuvo lugar entre el embajador  de Estados Unidos en Colombia William Wood y el senador Mario Uribe, hace algunos días, no son una rareza en la historia. No es difícil imaginar que el diplomático, haciendo uso del lenguaje propio de su oficio, le hizo saber a Uribe las preocupaciones del Tío Sam sobre la integración de sus listas al Congreso. ¿Cómo no pensar que el embajador de Estados Unidos puede poner y quitar a su antojo renglones de las listas oficialistas al Congreso de Colombia, si ese país ha invertido más de 3.000 millones de dólares en el Plan Colombia y tiene varios centenares de soldados y contratistas dedicados a entrenar a los militares colombianos en la guerra contra la subversión? No necesitaba pronunciar una sola palabra salida de tono, porque cuando se ejerce un poder como ese, sobran las frases altisonantes. 

A veces Estados Unidos ha ejercido su influencia de ese modo, en una conversación privada llena de eufemismos. Pero no siempre las intervenciones de Estados Unidos en Latinoamérica se han presentado con la anuencia, más o menos a regañadientes, de los afectados. La larga historia de la ingerencia de Washington en el continente muestra múltiples ocasiones en las que Estados Unidos impuso su voluntad a sangre y fuego.

Es una larga historia porque la nacionalidad norteamericana está permeada, desde la primera mitad del siglo XIX, la época en la que Estados Unidos se alzaba majestuosamente como el gigante que excitaba la imaginación del mundo entero, por ideas que justifican que ese país proyecte su influencia allende sus fronteras.

El primero de esos conceptos fue la doctrina formulada por el presidente James Monroe en su discurso sobre el Estado de la Unión de 1823 y concebida por su secretario de estado John Quincy Adams.  Monroe planteó que los Estados Unidos se opondrían a que las potencias europeas colonizaran cualquier territorio del continente americano a cambio de que su país se mantuviera neutral en los conflictos entre europeos o de éstos con sus colonias.

Esta formulación se convirtió, con el tiempo, en la doctrina Monroe,  sobresimplificada en la frase "América para los americanos". Sus múltiples reinterpretaciones dieron lugar, con el tiempo, a que se convirtiera en la práctica en una declaración de la hegemonía norteamericana en el continente y en la fuente del derecho de Estados Unidos de intervenir en las naciones del área.

Otros dos conceptos alimentan, desde el punto de vista filosófico, la creencia generalizada en algunos círculos políticos norteamericanos, de que su país tiene derechos que van más allá de sus fronteras. Uno es el del "Destino Manifiesto", y el otro es el "Excepcionalismo".

El primero surgió de la pluma de un influyente columnista de la época, John L. Sullivan, cuando comentaba en 1845 una disputa territorial con Gran Bretaña acerca del territorio de Oregon. En su escrito reclamó que era el "Destino Manifiesto" de Estados Unidos  "poseer todo el continente que la Providencia nos ha dado para desarrollar el gran experimento de libertad y autogobierno federado confiado a nosotros".   En sus inicios, el concepto fue asociado con el "continentalismo" que planteaba que Estados Unidos debería abarcar todo el territorio de Norteamérica, incluido Canadá, y que animó la expansión de la Unión hacia el Océano Pacífico y la guerra méxico-norteamericana que terminó con la cesión de los territorios de California y Nuevo México. Aunque la idea de incorporar a todo México, que afloró en un cierto momento, fue rápidamente desechada  (sobre todo porque implicaba convertir en norteamericanos a millones de no anglosajones), el Destino Manifiesto inspiró después aventuras más extremas, como la de William Walker en Centroamérica y la anexión de Hawai y Puerto Rico.

El otro concepto, el "Excepcionalismo Norteamericano" nace de la obra de un europeo, el francés Alexis de Tocqueville, quien visitó a Estados Unidos en 1831 para escribir su obra cumbre,"La democracia en América". Tocqueville  planteó que Estados Unidos es cualitativamente diferente de las demás naciones desarrolladas debido a que, en una época en la que la monarquía absolutista era la norma, nació a partir más que de una herencia, un territorio o una raza común, de unos ideales altruistas de democracia e  igualdad de oportunidades dentro de un ambiente individualista, de estabilidad en sus instituciones y de profunda religiosidad.  El "excepcionalismo", asociado también con las raíces puritanas de las primeras colonias,   dio lugar a la idea de que Estados Unidos y sus habitantes ocupan un lugar especial y están predestinados para diseminar en la humanidad la esperanza de un mundo mejor.

Las tres doctrinas han sido objeto de toda clase de discusiones, críticas e interpretaciones y han tenido más o menos fuerza según las tendencias de cada época. Pero lo cierto es que, en su conjunto, las ideas más o menos altruistas que las animaron no alcanzan a justificar las acciones norteamericanas fuera de sus fronteras. Porque éstas, en la inmensa mayoría de los casos, terminaron siendo la protección  pura y simple de sus intereses más o menos inmediatos.

América "intervenida"

El continente americano ha sido, como es lógico por su proximidad geográfica y por su importancia estratégica, el escenario de múltiples episodios de ingerencia norteamericana, entre las cuales se habla de 30 intervenciones militares y al menos 47 politicas. Han incluido todas las modalidades posibles, legales e ilegales, desde la intriga palaciega y la compra de conciencias hasta la agresión militar pura y simple.

Es una historia que comienza muy temprano, en 1846, a partir de la guerra con México, que terminó con la "cesión" a Estados Unidos por parte de este último país de casi la mitad de su territorio.  Esa acción militar sería el comienzo de una larga lista que incluye aventuras como la de Walker, quien en 1885 con un ejército de mercenarios y la anuencia tácita de Washington ocupó Nicaragua, legalizó la esclavitud y fue derrotado dos años más tarde por una coalición centroamericana que, tras un juicio sumario, lo fusiló.

Las armas norteamericanas volverían a la acción muy pronto en 1856, en la Panamá colombiana, para proteger la inversión norteamericana en el ferrocarril Transoceánico que era en esa época un verdadero canal terrestre. Y en 1898 Estados Unidos declaró la guerra a España, que se encontraba enfrascada en la guerra de independencia de Cuba. Cuando el conflicto terminó la Madre Patria había perdido lo que quedaba de su imperio y Estados Unidos había ocupado Cuba, Puerto Rico, Guam y las Filipinas.
En la primera mitad del siglo XX Estados Unidos invadió o atacó, por razones diversas y por distintos períodos a México, Honduras, Cuba, Panamá antes y después de su separación de Colombia, Nicaragua (donde sus tropas entraron y salieron regularmente entre 1910 y 1934), la República Dominicana (donde permaneció entre 1916 y 1924)  y Haití (1915-1934).  

La intervención política también tiene su capítulo aparte, y el primer ejemplo es la separación de Panamá de Colombia, desencadenada en 1903 por el gobierno de Teddy Roosevelt, uno de los más entusiastas seguidores del ingerencismo norteamericano y el responsable de la aparición del término Imperialismo.  En 1906 Roosevelt declaró a Estados Unidos el "policía del Caribe" (el "Corolario" a la doctrina Monroe) y actuó en consecuencia: su gobierno encontró que República Dominicana había incumplido sus obligaciones con la deuda externa y envió agentes de aduanas para que tomaran el control de las finanzas del país y cobraran los dineros por la derecha.

En 1909 el presidente nicaragüense José Santos Zelaya se convirtió en el primero de una también larga serie de mandatarios democráticos forzados a salir del poder por Estados Unidos. Su gran pecado había sido hacer negocios con firmas europeas, expropiar los bienes de la Iglesia, legalizar el divorcio y proponer que las compañías norteamericanas de minería y frutas pagaran impuestos.

Y dos años más tarde se inauguró la fórmula del golpe de estado local apoyado por Washington cuando el régimen también liberal del hondureño Miguel Dávila, muy cercano a Zelaya, cayó por un golpe del expresidente Manuel Bonilla, ayudado por el magnate Sam Zemurray y el mercenario Lee Christmas, quien se convirtió en el comandante del ejército hondureño.

Ese sistema de los golpes apoyados alcanzó alta sofisticación y abarcó prácticamente todo el continente hasta llegar a la caída de Salvador Allende en Chile y la instauración de los gorilas del Cono Sur en los años 70. Tuvo sus máximos exponentes no sólo en los anteriores sino en el general dominicano Rafael Leonidas Trujillo y en la instauración de la junta militar salvadoreña en 1980.

Algunos episodios tienen un valor anecdótico muy diciente. En 1854 la marina norteamericana bombardeó y destruyó el puerto nicaragüense de San Juan del Norte, luego de que el millonario Cornelius Vanderbilt atracó con su velero en la bahía y un funcionario intentó cobrarle la tarifa portuaria. En 1914 un acorazado norteamericano atacó el puerto mexicano de Veracruz, sus infantes ocuparon partes de la ciudad y el episodio forzó la renuncia del presidente Victoriano Huerta. Muchos historiadores sostienen que ese incidente fue detonado porque los mexicanos se negaron a saludar la bandera de las barras y las estrellas.

Los intentos por derrocar a Fidel Castro después de su revolución de 1959 son un capítulo aparte, desde la invasión de playa Girón hasta los atentados contra la vida del dirigente, en cercana alianza con capos de la mafia también afectados por el cambio de régimen.  Esos intentos, plenamente documentados, incluyeron enviarle cigarros tratados con LSD para que Castro se volviera incoherente en alguno de sus discursos, estilógrafos envenenados y hasta un traje de buceo tratado con un polvo que le haría perder su famosa barba.

Y el caso de Jacobo Arbenz, en Guatemala, también resulta emblemático. Arbenz, elegido en 1954, introdujo una reforma agraria y expropió algunas tierras sub utulizadas de propiedad de la United Fruit Company.  La CIA organizó una pequeña fuerza expedicionaria en Honduras para acabar con esa amenaza comunista, y Arbenz, inocentemente, pidió ayuda a Washington contra la amenaza. Cuando no recibió respuesta, compró armas en Checoeslovaquia, lo que sólo sirvió para comprobar la acusación de comunista. La revista Life reportaba que Guatemala abiertamente organizaba un régimen pro soviético a dos horas de vuelo del canal de Panamá, mientras la CIA producía reportes de prensa sobre el avance imaginario de su ejército rebelde. Al final Arbenz renunció y subió al poder el coronel Carlos Castillo Armas, escogido por Estados Unidos. El nuevo presidente ilegalizó los partidos, estableció la pena de muerte para los huelguistas y reversó la reforma agraria. Más de 100.000 civiles murieron en la guerra civil que duró 30 años.

Esa historia abarca muchos más casos, como la invasión de República Dominicana, perpetrada en 1965 para impedir que las fuerzas constitucionales recuperaran el poder tras un golpe pro estadounidense, o la ayuda a los contras nicaragüenses que luchaban contra el régimen sandinista de Nicaragua en los 80, o la invasión de Grenada para sacar del poder al "comunista" Maurice Bishop en 1983 y la de Panamá en 1989 para apresar al antiguo agente de la CIA Manuel Noriega. 

Hoy puede decirse, sin lugar a muchas dudas, que la derecha religiosa, que configura la base ideológica del gobierno de George W. Bush, defiende a la Doctrina Monroe, (en el caso de América), el Destino Manifiesto y el Excepcionalismo,  como parte de la justificación de la política exterior de Estados Unidos. Los últimos años han visto han visto a Washington más ocupado en otras regiones del planeta. Pero como se ve en Colombia, en América Latina no es un capítulo cerrado.

12月30日

Otro que se Fue

 

Tomado de "El Tiempo"

 

Mauricio Lloreda
AL TABLERO
Otro que se fue (30 de diciembre de 2005)

No hacia las tierras del olvido, porque en este año el país cambió y esos cambios, que moldearán su futuro en lo institucional, lo político y lo económico, lo harán inolvidable. El 2005 fue un gran punto de inflexión de nuestra historia reciente.

La política y las instituciones no volverán a ser las mismas después de la reelección. El inicio de la desmovilización de los paras marcó un nuevo hito en nuestro conflicto. Si bien es cierto que con las Farc no hay nada nuevo, cabe al menos preguntarse qué dinámica le imprimirá al conflicto el que ocupen de nuevo algunas de las zonas de donde salieron los ‘paras’. Será todo un nuevo capítulo, pero ni por asomo el fin de la batalla.

El crecimiento de la economía casi al 6 por ciento, tras años de no llegar allí, y el aumento del salario mínimo por encima del crecimiento de la economía, son presagio de mejores tiempos. Luis Alberto Moreno presidente del BID. La disminución del secuestro, el aumento de las exportaciones y la inversión extranjera, la venta de las tradicionales Bavaria y Avianca. Sin duda, un año de profundos cambios.

Y detrás del crecimiento económico, la percepción que del país tienen quienes controlan los recursos económicos, nacionales y extranjeros, que aceptan dos hechos: que Colombia está cambiando para mejor y que tiene enormes posibilidades. Pero al respecto hay un silencio elocuente. Y este representa la tácita aceptación de que al presidente Uribe le está yendo bien y ese silencio se romperá en las urnas:

Uribe será reelegido en primera vuelta, y esa noticia dará un nuevo empujón a la economía, que la afianzará en una decidida rampa ascendente. Pero como los colombianos nunca estamos conformes, y eso está bien, pidámosle más al 2006:

Que Uribe reelecto anuncie un timonazo en sus programas de desarrollo económico, y ponga su voluntad férrea y obstinación legendaria en que mejore lo social.

Que los nuevos ministros entiendan que desde hace dos décadas se mandaron a recoger, por peligrosas e ineficaces, las ventas de recursos naturales como motor del desarrollo; que este es el siglo de la información, que los derechos esenciales de los ciudadanos deben primar en los proyectos de ley, que a quienes se debe dar impulso para crecer es a las empresas nacionales…

Que Manuel José sea presidente vitalicio de la Corte.

Que más profesionales se decidan a iniciar empresas sociales y que una política de Estado los apoye por su enorme repercusión.

Que el general Canales replique el modelo que aplicó en Cundinamarca para acabar con el secuestro en todos los departamentos.

Que el general Gómez siga disminuyendo el homicidio en Bogotá, y sus colegas del país entero lo emulen.

Que el contralor González siga defendiendo los cerros, que Planeación cree, crea y defienda un modelo de ciudad. Y que Garzón lo apoye, sin miedo.

Que Rafael y Enrique nos den más espacio a todos los columnistas, excluidos los ex presidentes.

Que los ex presidentes acepten de una vez y para siempre que eso es lo que son y se vayan a estudiar con Jimmy Carter, ojalá para quedarse, o al menos para seguir su discreto y eficaz ejemplo.

Que lo que más se dispare en el 2006 sea la inversión extranjera, los índices económicos, la tasa de empleo; y lo que menos, los fusiles.

Que los gringos se decidan a hacer una verdadera campaña contra la droga en su tierra y dejen de tirarnos el glifosato y el agua sucia del desprestigio a quienes hemos puesto todos los muertos y sufrido todo el estigma, por cuenta de las ávidas narices y gordas billeteras de sus adictos.

Que se haga un plan, como el que Chile hizo y ejecutó exitosamente, para erradicar del todo la pobreza absoluta en solo 15 años.

Y que los colombianos nos sintamos orgullosos de serlo, tranquilos y seguros de andar por un país que construimos con nuestro trabajo para nosotros, nuestros hijos, los hijos de nuestros hijos...

maullo@eltiempo.com.co

12月6日

Eduardo E. Reflexiones de un teólogo aficionado (6 de diciembre de 2005)

 

Siempre me a Gustado Escobar, por irreverente...

 Tomado de "El Tiempo"  de una de las columnas de opinion y dice....

 

 

Eduardo Escobar
CONTRAVÍA
Reflexiones de un teólogo aficionado (6 de diciembre de 2005)

La clausura del Limbo es demasiado grave. E injusta sobre todo.

Las contradicciones de la teología moderna son cada vez más evidentes e inquietantes. Hace años nos negaron el derecho al Infierno. Anunciaron que no podía entenderse como un sitio determinado en alguna galaxia izquierda, o en una estrella negra lejana, en la topografía del universo material. Sino, más bien, como un estado revulsivo del alma. Un sentimiento, imagino yo, como los que se traslucen en las columnas de Daniel Coronell en la revista Semana. O en las declaraciones de Piedad Córdoba en todas partes.

Empecinados en el espíritu de contradicción que confunden con la crítica, en tergiversar y enhebrar calumnias y sembrar sospechas sobre sus enemigos sin pararse en pelillos. O como el que debe albergar el corazón, si tienen, de don ‘Manuel Marulanda’, y sus hijos legítimos, los comandantes paracos, cuyos sueños han de estar plagados de cadáveres descompuestos, ayes de niños mutilados y viudas que gritan.

En nuestros juegos retóricos irresponsables los nadaístas solíamos imaginar hace tiempos el Infierno como un espacio apetecible en tierra caliente donde se juntaban la inteligencia y la belleza. Nos gustaba proclamar que lo preferíamos al Paraíso, habitado por cardenales arrugados, beatas sin gracia posible aunque en Gracia de Dios, vírgenes recalcitrantes y mamasantos como el famoso Tuso de Navarro, un godo de Medellín que dejó fama de piadoso, y de quien alguien dijo: debe ser muy malo un tipo que tiene que comulgar todos los días. Imaginábamos con razón que en el Infierno, adonde el arzobispo de Medellín nos había destinado en sus pastorales en castigo por nuestros versos chuecos, íbamos a encontrar personajes fascinantes, verbigracia, Nietszche, Voltaire, Sartre, Marilyn Monroe. Pero nos cerraron el Infierno. Y nos dejaron sin hogar en la Otra Orilla.

El Vaticano inauguró hace unos pocos días una escuela de exorcistas, sacerdotes avezados en expulsar al pobre Diablo de los delirios podridos de sus posesos. El pobre don Sata, desahuciado cuando cesaron las funciones del Infierno, convertido en un desplazado más en la masa de los desplazados del mundo, en un negro más sin tierra, al parecer no tuvo otro remedio que refugiarse en el interior humano, a falta de un hogar más decente, más higiénico.

Esta semana le llegó la hora del cierre al Limbo. Una creación del Concilio de Cartago al parecer, para llenar lagunas conceptuales. Y fecundo tema de reflexión de pensadores como San Agustín, para quien era sin remisión, y Santo Tomás de Aquino. Un lugar espantoso, y ruidoso, fétido, maloliente a pañales y teteros de leches de querubines. Sobre todo, estridente por los berrinches de todos los niños que no recibieron el bautismo desde que el Hombre se escindió de la familia de los Monos, y los clamores de los poetas buenos de todas partes que no escucharon el Evangelio por invencibles razones temporales. Dante, puso a Virgilio en su Limbo.

La clausura del Limbo es demasiado grave. E injusta sobre todo. Porque sin Limbo, dice uno, dónde contará sus chistes insulsos Jotamario Valencia cuando se muera, a dónde irán Miguel Varoni, Julio Iglesias, Andrés González, Andrés Pastrana, la reina Isabel y su marido y su hijo, y Noemí Sanín, William Ospina y Juan Pablo Montoya y Horacio Serpa. Algo tendrán que ingeniar los teólogos para que ellos disfruten a su manera de una eternidad a su medida, ni frío ni caliente, alimentados con escarchados de avena, y con el fondo musical de las canciones de Juanes. Un recinto hipoglúcido e hiposódico.

Mal anda de ingeniero el reino de Dios. En su lugar, en vez de cerrar el Limbo, yo lo hubiera privatizado a la moda. Y habría concedido la explotación del Infierno a un departamento del gobierno norteamericano de torturadores entrenados en Irak o Guantánamo. Porque si la gente cometió tantas atrocidades en este mundo, a pesar de la amenaza del Infierno, no quiero pensar de lo que será capaz sin la perspectiva de la condenación eterna.

eleonescobar@hotmail.com

11月17日

Cristalino....

El agua corria clara.... tan clara que las rocas en el fondo del arroyo parecian estar vivas... las podia tocar con mis pupulas... el olor a verde fresco.... humedo... masiso...
 todo parecia tan claro... la luz entraba directamente por la copa de los arboles.... todo era un sueno... Tan facil de superar... tan facil de seguir adelante... Desperte sudado.... Abrigado por las mantas en una noche fria...
Noche oscura y solitaria...
Todo era tan claro... me repetia...
11月12日

Futuro

Han sido dias agitados, de pensamientos encontrados y sensaciones que nunca antes habia conocido...
Ira. Rabia. Temor. Miedo.
 Miedo a lo desconocido. Al futuro que ya no se ve tan cierto.
Un dia crees tenerlo todo... Y de repente se ha esfumado... como un fantasma...un fantasma que no habia conocido y que solo tenia en mis suenos.... Un fantasma del que me aferro y no quiero renunciar....
Tanta confusion... tanta desolacion...
Solo espero que ese futuro algun dia vuelva...
 
 

Juan David

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